El Zasca!!

Número 12

Julio/Agosto 2017

PRECARIEDAD,NI EN LO PÚBLICO NI EN LO PRIVADO                                         Libertad de expresión y de opinión

La revista de opinión que crea adicción

 en redes sociales :

La credibilidad perdida

 

 

 

Ví el otro día la película Resucitado, un film sobre la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret desde la perspectiva de los personajes secundarios. En líneas generales me gustó. Al verla, me vinieron a la memoria situaciones similares con sucesos menos épicos pero ejemplificadores de una manera de trabajar en los espacios públicos. También, con la preocupación de cualquier clase dominante por conservar sus privilegios. Como cuando Pilatos decide la muerte de un hombre (aún lavándose las manos) o Caifás implora (desde su influencia de sumo sacerdote) la solución del problema creado por la presencia distorsionante de un (según ellos) advenedizo, que amenaza reglas y estatus antiguos. Trabajando en la política hay diferentes fuerzas y diferentes fines. Cuando se mira la realidad desapasionadamente, uno se da cuenta de que nada es negro o blanco en absoluto, de que son reales los matices e influyen. Los partidos conservadores gozan de una especie de suerte entre sus votantes, e incluso entre los ciudadanos, dado que tienen una idea mucho menos estricta del papel de lo público en el equilibrio de las desigualdades (cuestión ésta que ni se plantean, salvo si atañe al orden social establecido); los usuarios no se lo exigen, ni para votarles, ni después para aceptarlos cuando ya gobiernan. Así que sus argumentos pro recortes sociales son bastante creíbles y asumibles por la ciudadanía. Nada más hay que ver, en España, a la mayoría de sus habitantes rogando la solidaridad de los contribuyentes hacia los Bancos de Alimentos (una prueba palpable del fracaso del estado de bienestar) en vez de reclamar a la administración que cumpla sus obligaciones para que todos los seres humanos tengan cubiertos los niveles básicos de subsistencia. Frente a lo anterior, se encuentran los partidos llamados de izquierda que hacen gala (en el discurso, claro) de un afán continuo por conseguir la igualdad de las personas en derechos y oportunidades. Llegado el momento de gobierno, y dado que dicha igualdad genérica no deja de ser una utopía, suelen fracasar ante sus propios electores, la mayoría de ellos convencidos de que efectivamente hay una vara mágica y está en manos de los políticos de esas fuerzas éticas, compuestas por ángeles benefactores en busca del bien común. Tan ajenas, en el discurso, las más de las veces, a un encaje cierto en sitios específicos, con variables sociales y económicas determinadas. Tan teóricas. Cuando ello sucede, viene ocurriendo que los "líderes revolucionarios" comienzan a estudiar todo con perspectiva y muchos hasta cambian el orden de sus prioridades. Puesto que no tienen fuerza para modificar la realidad general, aprovechan el momento y el estatus para cambiar la suya, la de sus familias y la de un pequeño grupo de fieles, necesarios en el mantenimiento de su influencia dentro de un sistema que les beneficia. Y así es como acaban muchas de las aventuras altruistas de algunos que se dijeron buenos. Con el agravante de que de ahí a la ausencia de credibilidad del grupo al que representan no hay más que un paso. Dice Pablo Iglesias, y otros varios, que para mantener el latido del corazón de una estructura se necesita volver a construir en ella el hábito del cuidado de los otros haciendo comunidad. Y aunque es cierto que ya vale de que todo el mundo le diga a las mujeres cómo deben pensar y comportarse, no es menos cierto que solidaridad es un nombre femenino, y en ese campo, pero de verdad, de verdad, sí podrían las mujeres y hombres adecuados liderar toda una corriente mucho más rica desde lo afectivo. Carmen Heras

 

 

 

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