El Zasca!!

Número 14

Octubre 2017

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Presentación del libro:”Martin Domínguez Berrueta. Luz en la Sombra”

Portada del libro ”Martin Domínguez Berrueta. Luz en la Sombra”

Martín Domínguez Berrueta, fue nuestro insuficientemente conocido abuelo hasta que María Jesús Jabato Dehesa, con su trabajo excelente de investigación, dio información exhaustiva de su vida y obras que ahora desarrolla en este libro. De aspectos que supusieron un recorrido sorpresivo, inédito, como periodista, escritor y catedrático. Como ejemplo de honestidad, de inquietud social, de sensibilidad, de amor por la Universidad; con permanente preocupación obsesiva en propiciar una reforma educativa; dispuesto, si fuera menester, a borrar la historia para que la cultura predomine sobre una civilización prosaica que despedaza las libertades, las inquietudes y los interrogantes ante la vida.

 

Cambiar radicalmente la enseñanza pasiva, egocéntrica, asimilativa, de “estampación”, como la llamaba Giner; por otra intuitiva, dialogante, como predicaba Sócrates, Rousseau o Froebel; con una visión directa, personal e integradora, con la percepción y el sentimiento de la naturaleza y el arte.

 

Es, pues, evidente la influencia que recibió del krausismo, que había introducido en España Sanz del Rio y que Giner -a quién despertó su interés literario y estético el catedrático de Granada, Fernández y González- desarrolló impulsando la creación de la Institución Libre de Enseñanza.

 

Martín Domínguez Berrueta realizó las “excursiones” o viajes pedagógicos, ocasionalmente becados y otras veces sufragados por él mismo, para percibir el arte y la impronta de la belleza en confraternidad con sus alumnos.

 

Fue un profesor apasionado -él lo era por naturaleza- en colaborar, desde su Cátedra de Historia del Arte de Granada, para propiciar un clima de regeneración docente, con una “moderna educación”, al decir de Américo Castro, en la universidad española; que había sido depurada en su función esencial de buscar la verdad, apartando a prestigiosos profesores -Giner, Salmerón o Azcárate, entre otros- en 1875, durante el gobierno conservador de Cánovas.

 

El profesor Domínguez Berrueta colaboró, sin ninguna adscripción política, para conseguir una mayor influencia de la cultura en el contexto de una educación nueva, despojada de todo protagonismo frívolo.

 

Berrueta fue -me atrevo a decir- paradigma de las “excursiones” académicas, con sus enseñanzas, su austeridad, su conversación, “el trato cercano con sus alumnos,” como señala Gómez Izquierdo, renunciando a glorias y seguridades; aunque Gibson dice que “no estaba exento de vanidad.” En todo caso es esta una tentación difícil de padecer -salvo excepciones- por los necios.

 

Mi abuelo Martín amó a Burgos y también a Salamanca, donde nació y fue profesor de su Universidad, desde la que se trasladó a Granada, ya como Catedrático. En Burgos pasaba temporadas con su tío Francisco Berrueta Corona, Canónigo de su Catedral, que tuvo mucha influencia tanto desde el punto de vista de su formación en el arte y la literatura como en el aspecto religioso. Aunque era creyente, sabido es que no cejó por conseguir la separación entre la iglesia y Estado.

 

Fue también periodista prolífico, colaborando en periódicos, sobre todo castellanos, habiendo sido director de “El Lábaro” de Salamanca; además de brillante conferenciante.

 

Con inquietudes sociales, lucho por sus ideas, avanzadas en su época, con ahínco.

 

En su cátedra de la Universidad de Granada formó un grupo de alumnos, algunos de los cuales se incorporaron a la docencia sobre el arte y la literatura, siguiendo los pasos de su maestro.

 

Fue profesor de Federico García Lorca, que escribió su primer libro, “Impresiones y Paisajes,” basado en los viajes pedagógicos que organizaba mi abuelo, antes de ser un poeta y autor de teatro genial. No era obligado -y así fue- que el alumno le aportaba su amistad y agradecimiento, como hizo García Lorca cuando dejó de ser profesor suyo. Con esa actitud demostró que también era un ser mortal, como casi todos, a excepción de Dante...!! (“me miró Beatriz con ojos llenos de amor tan encendidos que mi virtud huyó, venida a menos, y zozobré los ojos inclinados...”).

 

Domínguez Berrueta, el poco conocido abuelo de todos nosotros, fue más delicioso aún porque trató de estar algo fuera del sistema y, se quiera o no, libre de petulancia; mantuvo una posición inquieta, vitalista, innovadora, y, sin buscar la complicidad del tiempo para alargarlo, se dedicó a intentar que el arte, la cultura, la naturaleza, las sensibilidades, en fin, se impusieran a una sociedad que siempre agobia, neurotiza y destruye.

 

Antonio Machado (“esos días azules, ese sol de la infancia”), describió certeramente la importancia de Martín Domínguez Berrueta en el “renacimiento” artístico de Granada. Fue, según él, responsable de: “la formación de unos cuantos hombres capaces de pensar, de sentir y de trabajar, de unos cuantos valores humanos es todo lo más y todo lo menos que puede pedirse a un maestro.” “El doctor Berrueta pertenece a esa noble clase de maestros que consagran toda su alma a la enseñanza, que logran el respeto y amor de sus alumnos...”; “recorre con ellos los pueblos de España; más que en las aulas tiene su cátedra en el tren, camino de las viejas urbes, donde busca una viva emoción del arte...”.

 

Nos ha faltado a tantos de nosotros su cercanía, el insustituible abrazo ya imposible.

 

No se quién decía que “los paraísos se hacen a medida que, perdidos ya, van quedándose lejos”.

 

Nada caduca nunca en nuestro recuerdo o en nuestra imaginación.

 

Tampoco para nosotros Martín Domínguez Berrueta, nuestro abuelo, que ya no nos es tan desconocido gracias a Mª. Jesús Jabato Dehesa.

 

Antonio Silva Domínguez.

 

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